Se escucha la voz de un hombre cuando entro al toilette. Se ajusta el moño de la corbata frente al espejo mientras parece hablar solo. El inodoro descarga y salen del gabinete el resto de la banda. Sin notar que estaba allí, se dirigen al escenario y el empieza el show
Vuelvo a mi asiento en primera fila. Empiezan los acordes y siento que mi cuerpo se estimula en el asiento. Pienso: "cuando sean famosos voy a poder decir que estuve acá."
No exageré con la exaltación, puesto que los otros espectadores estaban ilusionados divertidos. Esperanzados. Los aplausos reflejaban eso, y el pedido de más canciones sorprendía a los de la banda. Suceso que demuestra que la gente ya se había enamorado, y que necesitaban escucharlos toda la noche.
Alguien gritó "mejor que los Beatles", y yo pensé "gracias, sentía lo mismo y no me animaba a decirlo". Cuatro hombres, cuatro carismas, cuatro voces, un hombre de aspecto irlandés y alto como es un alto en la imaginación.
Son músicos de la estirpe que trabaja con metrónomo. Y eso se sintió en el trayecto por el que nos llevaron a todos los que allí estábamos.
Alguien me reconoció y me dijo que había grabado en su Cassette el show. Me dijo que me lo mandaba en la semana. Otro amigo de la banda escucho y dijo que haría lo mismo con los videos capturados.
Era evidente, la emoción de pertenecer aquella tribu que organizaban los cuatro músicos, era un denominador común, un signo de la vanguardia viva de Buenos Aires, la brújula del rock ponía su proa visionaria en estos cuatro sujetos, que tanto hacían pensar en los fantásticos cuatro, que hasta uno de ellos parece un clon de Paul McCartney.
Roma no se construyo en un día. Pero siempre un día empezó. Varios estuvimos ahi para atestiguarlo.
