lunes, 1 de abril de 2019

RadioÆstÄtica


Fue un jueves atípico de un verano que no se diferenciaba en nada de los otros. Fiestas de apertura, los tres días de calor infernal, el aburrimiento de las calles cada vez menos vacías. Obligado a huir sin plan. las nuevas charlas de Rodolfo, prometieron fotos de colores que nunca se vi. Le Corbusier crecía y se armaba, Picasso pensaba cada como ajedrecista. El puerto ya no era Buenos Aires.

domingo, 31 de marzo de 2019

Charlas de Toilette

Se escucha la voz de un hombre cuando entro al toilette. Se ajusta el moño de la corbata frente al espejo mientras parece hablar solo. El inodoro descarga y salen del gabinete el resto de la banda. Sin notar que estaba allí, se dirigen al escenario y el empieza el show
Vuelvo a mi asiento en primera fila.  Empiezan los acordes y siento que mi cuerpo se estimula en el asiento. Pienso: "cuando sean famosos voy a poder decir que estuve acá."
No exageré con la exaltación, puesto que los otros espectadores estaban ilusionados divertidos. Esperanzados. Los aplausos reflejaban eso, y el pedido de más canciones sorprendía a los de la banda. Suceso que demuestra que la gente ya se había enamorado, y que necesitaban escucharlos toda la noche.

Alguien gritó "mejor que los Beatles", y yo pensé "gracias, sentía lo mismo y no me animaba a decirlo". Cuatro hombres, cuatro carismas, cuatro voces, un hombre de aspecto irlandés y alto como es un alto en la imaginación.

Son músicos de la estirpe que trabaja con metrónomo. Y eso se sintió en el trayecto por el que nos llevaron a todos los que allí estábamos.
Alguien me reconoció y me dijo que había grabado en su Cassette el show. Me dijo que me lo mandaba en la semana. Otro amigo de la banda escucho y dijo que haría lo mismo con los videos capturados.

Era evidente, la emoción de pertenecer aquella tribu que organizaban los cuatro músicos, era un denominador común, un signo de la vanguardia viva de Buenos Aires, la brújula del rock ponía su proa visionaria en estos cuatro sujetos, que tanto hacían pensar en los fantásticos cuatro, que hasta uno de ellos parece un clon de Paul McCartney.

Roma no se construyo en un día. Pero siempre un día empezó. Varios estuvimos ahi para atestiguarlo.

lunes, 23 de junio de 2014

T R A N S L U C I D O

Llego en hora. Siempre olvido que la puntualidad solo tiene significado en el Colón. Es rock. Sería extraño que algo empezara puntual. Estimo que faltan dos horas para el concierto, y ya me queda poca paciencia. En Makena, el escenario está particularmente elevado, como ya practicando la altura del éxito, aunque a veces sólo genera dolor de cuello. A la derecha del salón, una puerta y una ventana. Se ve un living-room que parece el de una casa vintage, aquél en donde el color naranja de los amplificadores orange encaja según el concepto estético de moda. Pared verde, pared animal print, sillones capitonados. Está vacío. No hay very important persons adentro. No sé si está permitido, pero entro. En la televisión dan el cuarto partido de la final de la NBA. Noto que ahí adentro la vibración de los vidrios es la única noticia del salón principal, y huyo del ruido de las bandas que animan la previa. Me acomodo en uno de los sillones bordó. Miami Heat versus San Antonio Spurs. El basquet, mitad deporte mitad ajedrez, reúne en su juego todas las actitudes de grupo unido. Quien cae tiene en el acto alguien que lo levanta, quien tira un libre desde la raya, consigue dos choques de mano sin importar el resultado. Fluyen. El silencio parece fundamental para el funcionamiento. La concentración es al entrenamiento, lo que el tiempo al reloj.
Vuelvo al salón principal. Picado Grosso está en el escenario. Un trío. Es subrepticia la dificultad para salir de lo triangular, de incorporar que por definción tienen los tríos. Aún así, hacen pensar en menos de medio minuto en red hot chili peppers. Eso siempre es bueno. El bajista parece virtuoso en sus dedos y en la palabra, que suelta en soliloquio rapero al cuarto tema. Aún así, no pretende más que su propia idea. Entusiasman por momentos con intenciones divertidas, pero al retornar a lo plano, dejan en evidencia el truco. Terminan. Falta menos. Mientras desarman y arman en el escenario, suena smells like teen spirit y pienso en el fastidio que Cobain tenía porque su canción era más grande que él, y que de haber entendido esto no se hubiera ido justo cuando su carrera comenzaba.
Ya comenzó el ritual de t r a n s l ú c i d o, en el que se corre el centro de la tierra. ¿ Hay humano más feliz que el que sale de su eje a través del sonido ? ¿ No es el mejor músico aquél que hace bailar la imaginación ?. Esto sucede aquí. Ya nadie conversa. Desde un momento en que no se dieron cuenta, todo el salón flota en el acuífero sonido azul de translúcido. Nunca se sabe si las canciones terminan, porque con esta banda nada parece ser lo que es. Nadie sobra. Desde el nombre, la banda reflexiona acerca de la luz. Son lo que dicen, un canal a través del cual se conoce el universo. Alguien reitera una y otra vez: "estos pibes se zarpan", "hacen lo que quieren". Y es cierto. Hacen lo que quieren, y por eso se divierten, y por eso divierte. Vuelven visible el movimiento, el verdadero milagro que es la música.
Si algo es difícil de explicar, y fácil de entender, es el mejor parámetro para conocer el umbral del placer. No importa comparar, pero si hay que hacerlo, vuelan encima del resto de la escena independiente. La corriente comercial es el producto de la debilidad en conjunto de la gente. Que a ciertas bandas las escuchen muchas personas es solamente una estadística, y no es hasta que se comprende esto, por abarcativa que sea la estadística, que se conoce el movimiento universal como sinónimo de infinito. Cuando suena translúcido sucede un acto de justicia musical, y la sincronicidad de nuestro placer con la de los músicos es una inequívoca idea de esto.